CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero


Se oye decir, y se repite con frecuencia, que Jesús es muy original en su tratamiento de Dios como Padre, que este apelativo es casi inusitado en el judaísmo antes de Jesús y que el sentimiento de su filiación especial respecto a Dios es lo que hizo que Jesús tratara e invocara a Dios como Padre, con lo que se distinguía netamente del judaísmo. Pero… estas afirmaciones son sólo en parte verdad, como veremos.

No dudamos que el rasgo que caracteriza con más fuerza al Dios de Jesús es su aspecto de padre. Pero también es verdad que la invocación y la consideración de Dios como padre no era en absoluto extraña en el Antiguo Testamento y en el judaísmo intertestamentario, ni mucho menos. Y tenemos textos que lo prueban sin lugar a dudas.

No voy a cansar al lector con una enumeración de pasajes, sino que le ofreceré sólo los resúmenes conclusivos tanto de los extensos artículos sobre la voz o lema “Padre”, de los grandes diccionarios bíblicos, como del resumen del libro “El Dios de Jesús”, de Jacques Schlosser que nos sirve de guía para nuestro recorrido sobre el Dios de Jesús.

En el Antiguo Testamento la “paternidad divina implica ante todo bondad, solicitud, y amor: el padre lleva a su hijo (Dt 1,21), es indulgente (Mal 3,17), está lleno de compasión (Sal 102,13). La reprimenda misma es expresión de amor (Pr 3,12). Aplicado a Dios el título de padre está en la misma línea que las metáforas del esposo, pastor y liberador. Este aspecto de la paternidad divina ha encontrado una expresión literaria de gran belleza en varios textos veterotestamentarios como Is 1,2-3; 63,7-64; Os 11,1-4”. (Schlosser, p. 112).

El texto más bello de los citados es quizá Oseas 11,1-4, el único que vamos a reproducir aquí:

“Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: a los Baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían incienso. Yo enseñé a Efraín a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer”.

Respecto al judaísmo posterior al Antiguo Testamento y que va desde los libros deuterocanónicos del mismo Antiguo Testamento (como Tobías, Eclesiástico), a los apócrifos veterotestamentarios, textos de Qumrán, paráfrasis en arameo de pasajes de la Biblia hebrea (los “targumes”), la Misná, la Tosefta y los midrasim (comentarios) más antiguos, rabínicos, de la Biblia que tratan de cuestiones legales, y por último a las plegarias sinagogales, se han hecho repetidas listas ý ponderaciones del número de veces que aparece la invocación “Padre” referida a Dios.

En líneas generales debe confirmarse que no es abundante el uso de "Padre" en comparación con el número de veces que se emplea el vocablo Dios. En el total de la Misná, Tosefta y midrasim –incluidos un par de casos en los textos de Qumrán, si no me equivoco- hay unos escasos cuarenta casos de designación de Dios como “Padre” o “Padre en los cielos”, pero prácticamente nunca como invocación expresa a Dios en vocativo, es decir, dirigiéndose a él.

Algo distinto es el panorama de las antiguas oraciones sinagogales que pueden proceder más o menos de la época de Jesús, como las llamadas “Qaddish” y las “Dieciocho Bendiciones”. En ellas sí aparece alguna que otra “Padre” como invocación a Dios, pero los expertos dudan de si esta invocación es del siglo I o fue añadida posteriormente.

Sí es cierto que en la oración denominada “Nuestro Padre, nuestro Rey” (en hebreo “Abinu, Malkenu”, que está testimoniada para los años 130 del siglo II –por tanto unos cien años después de Jesús-) la invocación “Padre nuestro” aparece unas 44 veces, según las versiones.

Es de sospechar que tal invocación no apareció de repente en el siglo II, sino que tenía antecedentes en los años en los que vivió Jesús.

Como conclusión de este breve panorama podemos afirmar que Jesús es ciertamente un caso único por la cantidad, el número de veces testimoniados en los Evangelios Sinópticos (Mt –Mc – Lc) de su invocación a Dios como “padre”, pero que no lo es porque fuera él sólo, ni mucho menos, el que introdujo tal costumbre dentro del judaísmo.

Por otro lado, habrá que investigar si Jesús –al tratar a Dios como “padre” tenía una conciencia tan especialísima de su filiación que de algún modo se pudiera sospechar que -a través del modo cómo invocaba a Dios- dejaba traslucir ciertos indicios por los que cupiera pensar que se sentía “hijo de Dios” de un modo óntico y real, aunque nunca lo dijera.

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopiñero.es

Sábado, 10 de Enero 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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