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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

“Compartir” (309) Preguntas y respuestas de 17-10-2021.


PREGUNTA:
 
El hecho de hablar, no de resurrecciones colectivas, sino de la resurrección de una sola persona, algo que era impensable en el siglo primero en Israel, ¿le da al relato de la resurrección de Jesús una credibilidad sin precedentes es un indicio al menos para dudar?
 
RESPUESTA:
 
El hecho de la resurrección de una sola persona, y no de todas inmediatamente antes del Juicio Final era ciertamente muy raro como creencia entre las gentes del Israel del siglo I. Lo demuestra el siguiente texto del Evangelio de Lucas 18,31-34. Pero, como veremos, no se consideraba imposible.
 
“Y tomando a los Doce, les dijo: –Mirad, subimos a Jerusalén y se cumplirá todo lo escrito por los profetas para el Hijo del hombre, pues será entregado a los gentiles, escarnecido, ultrajado y escupido, y después de azotarlo, lo matarán, y al tercer día resucitará.  Y ellos no entendían nada de esto, y este lenguaje estaba encubierto para ellos, y no sabían lo que se les decía.
 
 
Mi comentario:
 
Lucas siguiendo a Mc 10, 32-34, con retoques y añade un complemento importante al final, que insiste en la ignorancia e incomprensión de los discípulos (aunque la idea está también presente en Marcos, por ejemplo, 6,52).
 
La crítica es unánime en considerar esta predicción –al igual que su triple modelo marcano: 8,31; 9,31; 10,33– como una profecía ex eventu, es decir vulgarmente “a toro pasado” sin valor histórico alguno. Posteriormente, en el relato de la pasión, Lucas no menciona los salivazos y la flagelación que aquí se predicen.
 
Eso de “no entendían”… “este lenguaje estaba encubierto…, y no sabían lo que se les decía”: es esta una manera teológica lucana de justificar la huida de los discípulos tras el prendimiento de Getsemaní (22,54), y su increencia inicial en la posible resurrección del Maestro. Esta incomprensión es tanto más notable e inexplicable cuanto que Lucas piensa que los anuncios de la pasión están especialmente reservados para los discípulos, no para la gente en general (véase, por ejemplo, 9,43 y 17,22: en los dos casos se lee «dijo a sus discípulos»). Estos comprenderán tan solo tras la resurrección a base de recordar y entender, por fin, realmente las Escrituras (24,32.45).
 
Así pues el texto no tiene validez histórica alguna, salvo para indicar que esa concepción de la resurrección de un muerto aislado era bastante rara.
 
Por otro lado, el que sea raro –como dije arriba– no era único. Lo prueba el siguiente pasaje de Lucas 9,7-9:
 
“Herodes, el tetrarca, oyó todo lo sucedido y estaba confuso porque algunos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros decían que Elías había aparecido, y otros que se había levantado un profeta de los antiguos. Pero dijo Herodes: Yo hice decapitar a Juan; pero ¿quién es éste de quien oigo tales cosas? Y trataba de verlo”.
 
Mi comentario al respecto es:
 
Los judíos del siglo I creían que para que resucitara una persona sola antes del Juicio Final tendría que ser alguien muy importante, por ejemplo, Elías o Juan Bautista, ya decapitado. Por ello, cuando la gente pensaba de Juan Bautista que este se había “levantado, como un profeta de los antiguos”, hay que entender que creían que Juan Bautista había resucitado y que de algún modo (jamás explicado) se había como reencarnado en Jesús.
 
De aquí deduce la crítica que la impresión que causaba Jesús en las gentes, al menos hasta este momento, era la de ser un profeta como Juan Bautista o Elías, pero no el mesías. Eso sería solo al final de su vida (y no siempre: 24,19, y en Jerusalén. Jesús se denominaba con gusto a sí mismo «profeta» Lucas 4,24; 7,16: 13,33).
 
Además en el Evangelio de Mateo 27, 50-51 se cuenta lo siguiente: “Jesús dio de nuevo un alarido y entregó el espíritu. Y he aquí que el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo, la tierra tembló y las rocas se escindieron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron, y después de la resurrección de él salieron de sus tumbas, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente”.
 
Comenta al respecto Josep Montserrat:
 
Los versículos 27,52-53, propios de Mateo, son algunos de los más enigmáticos de todo el evangelio. Los justos resucitan antes de Jesús, en virtud pues de su muerte, no de su resurrección. Esto contradice a Pablo, pues Jesús ya no es «la primicia» de los resucitados (1 Corintios 15,20). Mateo dice un tanto incomprensiblemente que permanecieron en sus tumbas hasta después de la resurrección de Jesús, casi dos días. Luego entraron en Jerusalén, cosa que el Jesús redivivo se guardará de hacer (véase 28,7).
 
Y concluye: “El que fraguó esta extraña leyenda creía evidentemente que el fin del mundo ya se había iniciado, para lo cual podría apoyarse en los anuncios de Jesús acerca de la inminencia del fin, véase Mt 10,23; 16,28; 24,34”.
 
Por tanto estamos en un terreno pantanoso históricamente, de leyenda… ¿Cómo me va a suponer para mí un momento de duda?  Yo diría que esta duda se disipa si se estudian detenidamente los pasajes evangélicos en los que se apoya
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

www.trotta.es/libros/los-libros-del-nuevo-testamento/9788413640242/

Domingo, 17 de Octubre 2021


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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