CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero


Hoy escribe Antonio Piñero

Una vez que hemos dedicado una serie de postales/notas a uno de nuestros temas, ayudar con una serie de notas a construir una introducción al complejo pensamiento de Pablo de Tarso, vamos a detenernos un momento para volvernos de nuevo al otro gran tema de este blog de “Cristianismo e historia”: la divinización de Jesús. Así variamos de modo que no les resulte tan pesadas las disquisiones sobre un mismo asunto.

Hasta el momento -en torno a la posible divinización de Jesús- hemos examinado las siguientes cuestiones: la religión y la religiosidad de Jesús; el Dios de Jesús: Dios como Padre y el caso especial de “Abbá”, etc.; Jesús como hijo de Dios: su “filiación divina”. En todos estos temas hemos ido indicando, por medio del análisis de los pasajes pertinentes, que Jesús no dijo en ninguna parte que él fuera “hijo de Dios” en un sentido óntico, físico o real, tal como lo podría entender un griego o romano de su época. Y hemos ido insinuando que si lo hubiera dicho, los judíos de su época lo hubieran considerado un loco. La divinización completa de un ser humano era -y es- impensable en el judaísmo.

Ahora nos toca examinar en unas cuantas notas si Jesús aceptó, o no, el título de “mesías”; y si lo aceptó, si ello podría significar en su mentalidad y autoconciencia una idea especial de “filiación divina” en el sentido real del término como acabamos de aclarar. Este tema lo he tratado ya en el otro blog de “Religiondigital”, por lo que aquí seré mucho más sintético, añadiendo alguna nota o idea nueva.

La elucidación de este tema no tiene más fuentes que las cristianas: los Evangelios y el resto del Nuevo Testamento, más un conocimiento general del judaísmo de la época. Y entre los Evangelios las deducciones más importantes se basan en especial en una lectura crítica del Evangelio de Marcos.

No existe consenso entre los estudiosos del Nuevo Testamento ni siquiera sobre el punto central de la cuestión, a saber si Jesús llegó realmente en algún momento de su vida a considerarse a sí mismo el mesías esperado de Israel. Sin embargo, algo hubo de haber, pues el desarrollo del judeocristianismo inmediatamente posterior a la muerte de Jesús no se entiende ni se explica de modo conveniente si el Nazareno careció totalmente de conciencia mesiánica.

La hipótesis de la existencia de una conciencia mesiánica en Jesús no excluye el que luego ésta pudiera ser completada y remodelada intelectual y teológicamente por los evangelistas sinópticos, es decir, Marcos, Mateo y Lucas. Desde luego, estos evangelistas la suponen, aunque posteriormente pudieran presentarla a la luz de la fe de ellos mismos y de su comunidad en un Cristo ya divino. Hay, pues, que admitir como posibilidad muy real que la imagen del mesianismo de Jesús que ellos, los evangelistas, ofrecen esté un poco distorsionada…, precisamente porque gracias a su fe, formada después de la muerte de Jesús y la creencia en su resurrección, veían las cosas de Jesús de otra manera.

Parece sumamente probable que aunque hubiera una época de la vida de Jesús, al principio, en la que éste no pensara de sí mismo que era el mesías, o que no debía manifestarse como tal, al final de su carrera terrestre sí opinó que era conveniente una clarificación y llegó a considerarse a sí mismo como el mesías de Israel, al menos empujado por sus partidarios. Una serie de pasajes evangélicos apuntan en esta dirección, a saber que Jesús se consideró a sí mismo mesías al final de su existencia terrena. Será nuestra tarea examinar estos pasajes. Y también si se puede barruntar o descubrir que el posible interés teológico de los evangelistas es un factor distorsionador de lo que bien pudo ser la realidad.

Pero no adelantemos ideas. Tenemos que partir de la curiosa constatación de que:

· En el Antiguo Testamento no hay "mesianismo"

· El mesianismo se forma por unas circunstancias históricas determinadas que parten desde la época del exilio en Babilonia de prte del pueblo judío.

· Para rastrear la formación de las concepciones y expectativas mesiánicas debemos a recurrir a lo qyue hoy se llaman Apócrifos del Antiguo Testamento, pero que en época de Jesús y en los dos siglos anteriores no lo eran, sino escritos muy respetados.

· Para rastrear también esas concepciones mesiánicas hay que acceder a los textos de los Manuscritos del Mar Muerto, pues ellos nos dan una idea de lo que pensaban los esenios y muchos sacerdotes del Israel de tiempos de Jesús e inmeditamente anteriores.

· Finalmentre: hay que impostar el tema del mesianismo de Jesús desde los orígenes de la predicación de éste para entenderlo correctamente.

Veamos esto último:

Los comienzos de la vida itinerante del Nazareno como anunciador de la inminente llegada del Reino/Reinado de Dios, es decir como una figura relacionada de algún modo con las expectativas mesiánicas del Israel del siglo I, aparece conectada en todos los evangelistas con la misión y el bautismo impartido por Juan, el Bautista. Jesús debió de sentirse atraído por la figura de Juan porque las prédicas de éste conectaban con sus propias ansias espirituales.
Si no, no se explica que dejara su tarea y fura a bautizarse por manos de Juan.

El Bautista era el profeta escatológico que anunciaba la llegada próxima del juicio final de Dios sobre Israel y los paganos (Mt 3,11). Ante la ira final de la divinidad de la Alianza, la mera pertenencia física al pueblo de Israel no significaba ninguna garantía de salvación. Como medida preventiva para prepararse ante el juicio Juan ofrecía a sus oyentes la conversión/arrepentimiento y la penitencia, junto con el propósito decidido de una vuelta a la Ley, a su entero cumplimiento. El signo externo del arrepentimiento y la disponibilidad para abrirse al Juicio y Reino de Dios que venían era el bautismo de agua. Y Jesús, como uno más de entre los convencidos por Juan recibió también este bautismo.

Todo apunta a que Jesús, tras recibir el bautismo de manos de Juan no se marchó de inmediato de la vera del Bautista, sino que fue discípulo de éste durante un cierto tiempo, y que, en principio, al fundar su propio movimiento lo hizo desgajándose como una porción semi autónoma del cuerpo de seguidores de aquel seductor de multitudes que fue el Bautista.

Hay muchos indicios en los Evangelios que sustentan la suposición de que Jesús comenzó su carrera espiritual como seguidor de Juan Bautista en su línea ideológica.

• En primer lugar, la fácil transferencia de discípulos del grupo de éste al de Jesús. Según nos cuenta el IV Evangelio (1,40), Andrés y Simón Pedro, dos de los principales discípulos de Jesús, se unieron al grupo de éste procedentes del círculo de Juan.

• Otro argumento es la igualdad de la predicación de Juan y Jesús en los primeros momentos: las palabras de uno se repiten en boca de otro; el discípulo, Jesús, parece copiar al principio al maestro.
- Así, en Mateo 4,17, Jesús repite con idénticas palabras el mensaje central de Juan ("Convertíos, el Reino de los cielos está cerca");
- La imprecación contra fariseos y saduceos de Juan Bautista en 3,7 ("raza de víboras") aparece luego con el mismo tenor en boca de Jesús en 12,34 y 23,33;
- La imagen de que "todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego" utilizada por Juan en Mateo 3,10 aparece dicha por Jesús en 7,19.

• Que Jesús comenzó su carrera como discípulo de Juan encuentra también un apoyo en el IV Evangelio. En 10,40 aparece el Nazareno predicando en los mismos lugares que Juan, y en 4,1 se dice que Jesús bautizaba como Juan Bautista, pero con mayor éxito. Todos estos pequeños detalles apuntan a que tanto el movimiento de Juan como el de Jesús tenían las mismas ideas teológicas de base y practicaban los mismos métodos. Además que se encardinaban dentro de las ideas que hoy denominamos como “expectativas mesiánicas del Israel del siglo I”

En Jesús debió de darse una evolución y radicalización religiosa que le llevó desde la posición de un mero discípulo de Juan Bautista a fundar su propio grupo y luego a llegar a considerarse, al menos, el único mediador de la inminente llegada del Reino de Dios…, Y este mediador, con otras palabras, podría denominarse el mesías de Israel.

En síntesis: situar los comienzos de la vida pública de Jesús en el entorno de Juan Bautista nos va a ayudar para comprender la ideología teológica de Jesús cuando inicia su vida pública, y para entender el tema del posible mesianismo de Jesús, entreverado con las expectativas de salvación de Israel en aquellos tiempos y con los deseos de la venida del Reino de Dios.

Seguiremos con este tema que considero apasionante.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopinero.com

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Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema:

“Sigue el comentario a "Jesús recordado" de James D. G. Dunn”

Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha.

Saludos de nuevo.

Viernes, 22 de Mayo 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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