CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero

Este pasaje, transcrito en el título de esta nota, es interesante por dos motivos:

· Uno por el tema de la consignación aparente de una “filiación especial”, divina, de Jesús.

· Segundo: porque declara explícitamente –en contra de toda la teología posterior del cristianismo primitivo de que Jesús es Dios plenamente- que el Hijo ignora el momento preciso del fin del mundo. Tal ignorancia es incompatible con una figura divina.

Por tanto –por el criterio de dificultad- parecería lógico aceptar como histórico, como un dicho que proviene de una tradición firme, imposible de negar por cualquier postulado teológico, esta sentencia de Jesús.

Queda claro, pues, que esta sentencia proclama a un Jesús que no se considera en absoluto divino. El evangelista Marcos, que al parecer y como buen paulino, creía en la divinidad del Maestro no extrajo las consecuencias teológicas del dicho tradicional que él recogía en su Evangelio.

No obstante, hay comentaristas que piensan que –a pesar de este argumento de la dificultad- hay algunas razones para opinar que la referencia al Hijo (“ni el Hijo”) es un añadido secundario de la tradición postpascual, o al menos sospechoso de serlo, ya que la tradición sinóptica (la que recogen Mt, Mc y Lc) es muy cautelosa a la hora de poner esta expresión en boca de Jesús.

En efecto, sólo en tres ocasiones:

· Lc 10,22 [“Nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”];

· Mc 12,6 [parábola de los viñadores homicidas:“ Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: “A mi hijo le respetarán”] y

· Mt 28,19 [“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”], pone esta palabra “Hijo” en labios de Jesús. De ellas, la primera y la tercera no pertenecen al Jesús histórico, por razones que sería largo exponer aquí…, pero evidentes para muchos exegetas, y la segunda –dentro de una parábola- es muy difícil de explicar su sentido exacto. Por tanto, ya esta sola reflexión nos deja en la duda de la autenticidad o no del dicho.

El segundo aspecto, el del “Hijo/filiación” es más peliagudo. Presentemos el contexto completo de esta frase dentro de Marcos 13 (vv. 28-37):

« 28 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 30 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
33 «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.34 Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; 35 velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!» »

De esta tradición suelen sostener los intérpretes que el v. 30 es secundario: es un añadido de Mc al discurso apocalíptico de su capítulo 13 para complementar lo dicho antes, en Mc 9,1 (“Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios”.)

De Mc 13,31 y 32 se afirma que son tradiciones susceptibles de ser muy primitivas y que pudieron circular por su cuenta antes de ser ensambladas por Marcos en su capítulo 13.

Sin embargo, de Mc 13,32 en concreto se puede sospechar que también es secundario, porque el pasaje paralelo de Lc 21 omite todo. este versículo (tendría que aparecer entre Lc 21,33 y 34). Pero este argumento es reversible: quizá Lucas lo eliminó del texto de Mc que tenía ante sus ojos porque vio cuán peligroso era para la teología/cristología de Jesús como Dios auténtico. En verdad, Lc omite la mención del Hijo también en el pasaje semiparalelo de Hechos de los apóstoles 1,7: “El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad”.

También se puede sospechar que Mc 13,32 es secundario porque puede pertenecer a la teología del Evangelista, es decir, lo remodeló él mismo de acuerdo su interés en recalcar que sólo Dios Padre sabía el momento del fin del mundo. Recogerlo en su Evangelio servía para frenar –con un supuesto dicho de Jesús-las especulaciones de los cristianos impacientes y un tanto fanáticos sobre ese final.

A este propósito los mismos intérpretes barajan la posibilidad de que la sentencia de Jesús fuera algo así como:
· “A propósito de aquel día nadie sabe, ni siquiera los ángeles, sino sólo Dios(Padre), o bien

· “Nadie sabe sino Dios (Padre) y el Hijo del Hombre”, entendido como una personalidad distinta a Jesús.

Ahora bien, por más que sean interesantes, estas propuestas no pasan de ser meras especulaciones, aunque de buena voluntad, a saber la tradición sinóptica no inventa nada en vacío, sin basándose siempre en algún dicho previo, más o menos parecido, más o menos con otro sentido del Jesús histórico.

Respecto a la espera de este final del mundo y la venida del Reino de Dios se puede decir que era un sentimiento que compartían muchas gentes en el Israel tanto de tiempos de Jesús como de los cristianos posteriores… Por tanto de la expresión de esa espera no puede deducirse que el dicho de Mc 134,32 sea auténtico o inauténtico.

En síntesis: es muy difícil afirmar si el dicho de Mc 13,32 es auténtico, si pertenece en verdad al estrato de las sentencias atribuibles al Jesús histórico, o no, es decir, fue remodelado por la tradición que recoge el Evangelista Marcos después de la muerte de Aquél.

Pero, sea de ello como fuere, sea producto de Jesús o del Evangelista, para nuestra finalidad es muy interesante la mención del “Hijo”: la filiación no debe entenderse como real, óntica, divina, plena, pues es incompatible con la ignorancia del fin del mundo. De nuevo Jesús mismo, o la tradición posterior, nos presentan al Nazareno como un ser humano, no divino.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

www.antoniopiñero.es



Miércoles, 14 de Enero 2009


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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